En 1882 se publica la obra del noruego Henrik Ibsen cuyo título no deja de ser curioso en un momento histórico en el que el pueblo empieza a reivindicar mayores cotas de democracia y participación. Un enemigo del pueblo es una obra de teatro cuya temática sigue vigente a día de hoy. Y con la situación de Huelva la similitud es asombrosa. De ahí la recomendación para su lectura o para el visionado de la obra de teatro (en la representación nostálgica de Estudio 1, de TVE, o en la película que protagonizó Steve McQueen).
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| Henrik Ibsen |
En esta obra de teatro tenemos a un doctor, Thomas Stockmann, que se enfrenta a las autoridades de su ciudad al descubrir una bacteria contaminante en las aguas de un balneario, la principal actividad económica local y foco de atracción de turistas. Esta bacteria supone un problema de salud pública, y el doctor intenta informar a las autoridades, prensa y conciudadanos de los riesgos y peligros para los visitantes de las aguas del balneario.
A partir de ahí, si estáis al tanto de lo que pasa en Huelva, os podéis imaginar. El doctor encuentra un fuerte rechazo por parte de los poderosos de la ciudad, así como de la prensa. Ya que la preocupación de las autoridades es otra, mantener el balneario abierto y evitar lo costoso de la descontaminación de sus aguas, lo que supondría reconocer el problema y la consiguiente perdida de clientes.
Es el eterno debate entre la defensa de los intereses económicos sobre la salud de la gente, en el que el doctor es señalado como un traidor por sus conciudadanos, pasando a ser un enemigo del pueblo.
Y es ahí donde encontramos el punto de encuentro entre esta obra de teatro y el caso de Huelva. En nuestras administraciones, entre quienes gobiernan, nos encontramos con profesionales de la política, junto a medios de comunicación al servicio del poder, y un lobby químico que todo lo contamina, hasta la sociedad onubense, manipulando de forma obscena la opinión pública. Y todo ello para defender unos intereses económicos particulares, que disfrazan de “motor económico”, y que en realidad nos deja un puñado de puestos de trabajo, unas limosnas en forma de patrocinios y mucha, mucha, demasiada, contaminación, pobreza, problemas de salud y desastres medioambientales.
VÍDEO:
CURIOSIDAD
Resulta curioso también el paralelismo de esta obra con la novela de Tiburón, que fue llevada al cine por Steven Spielberg.


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